martes, 26 de mayo de 2015

(Sobre)transportarse

La Ciudad de México. Esa bella urbe que yo prefiero transitar en la imaginación. O quizá salir por algunas calles cercanas a donde vivo cuando tengo necesidad de comprar una cerveza a mitad de la madrugada. Ahí donde el silencio es bastante más grande que en el día, pero que siempre es interrumpido por alguna sirena lejana, o el ronroneo de gato con enfisema que hacen los camiones al frenar con motor.

Aquí es difícil hablar de un medio eficiente de transporte. En la mayoría de ellos te juegas la cordura o el pellejo; transportase es un deporte extremo. En automóvil el reto consiste en sortear otros automovilistas que siempre tienen más prisa que tú; tener cuidado de camiones y taxistas, y uno que otro conductor que desconoce el uso de intermitentes y direccionales; es jugar a la premonición, o la encomienda al Espíritu Santo --o la deidad en turno--, no nada más por los conductores sino también por los peatones y ciclistas; no nada más por las personas sino también por los errores humanos: sortear baches y rogar porque no se te quede un mofle atorado a medio tope; evitarse las ganas de querer centrar a un peatón y decirse a sí mismo "100 puntos si le doy". De noche hay que aguzar los sentidos, mirar el reflejo en los ojos de un caminante a la distancia, que cruza una avenida mal iluminada. Si llueve: rogar que el charco no tenga hoyo oculto; la calle aceite; y el tránsito no te haga desear un cataclismo. Si hace sol: que todos avancen rápido, que el calor no te cocine en los propios jugos, y el sol no te dore el brazo.

Si eres ciclista: rogar porque alguien tenga un poco de cultura vial. Mantenerte alejado de los camiones de basura que ya mataron a un ciclista, y esperar que respeten las ciclopistas de algunas colonias más "civilizadas"... rogar, también --aquí siempre se ruega--, que un conductor imprudente no abra la puerta de golpe y te estampes. Que cada vez que atraviesas una calle, no haya un "vivo", apurado a dar vuelta mientras vas pasando. Que no te roben la bici. Que no te llueva. Que no te dé un llegue el espejo lateral de un carro. Que no te fallen los pulmones cuando vas detrás de una ciclista con shortcito (o leggins). Que no se te frene el camión o el taxi que tienes delante. Que no haya peatones en la banqueta cuando no te dejan pasar los carros por la calle.

Si vas en patines: que no te dé el infarto: ya sea por corajes o de susto. Que no se atraviese un carro cuando bajas una pendiente. Que no hay cambios en la calidad del asfalto y se te atoren las ruedas y te desmadres. Que la chica de la bice vaya más lento para que puedas seguirla morboseando. Que no haya baches. Que no haya grietas. Que no haya arreglos de calles. Que no haya arreglos de edificios (ni construcciones). Que si hay arreglos de lo que sea, no haya tantas piedras. Que si hay piedras las puedas sortear. Que si no las sorteas no salgas volando tan gacho. Que si sales volando al menos no olvidaras ponerte las protecciones. Que si olvidaste las protecciones puedas levantarte nuevamente después del madrazo. Sortear a los peatones que no miran a ambos lados. Que no abran la puerta de un carro de la nada. Que no salga una moto metiéndose entre carriles (cuando todos los carros están detenidos). Que si sale la moto no te estrelles con un auto. Si te estrellas con el auto, rogar (insisto que se ruega mucho) por que esté detenido y no le abolles nada (Puta moto, ¿qué no sabe leer el código de tránsito que dice que debe mantener su propio carril?). Que no den vuelta mientras atraviesas la calle (no se frena tan rápido en patines... y menos en pendiente). Que la calle no esté irregular. Que no te toque un empedrado. Que te toque asfalto del liso y no del cacarizo.

Si eres peatón: Que se respete el puto paso cebra. Que la banqueta no esté en remodelación para así no tener que caminar pro debajo. Que el automovilista te dé el paso. Que no te falle el cálculo para cruzar donde no hay semáforo. Que el automovilista entienda que no quieres jugar al torero con su carro. Que si tomas camión, esperar que te haga la parada (después hay que ver si te hace la parada donde la pides), jugar a sentirse en la montaña rusa, pero sin cinturón de seguridad, y brincando con los topes (siendo honestos, a mí sí me divierte venir brincando mientras los demás se quejan diciendo "no trae pollos"); o tratando de no salir despedido durante una vuelta cuando va a tope y uno colgado de la puerta. La clásica: esperar que el que se sube no asalte a los pasajeros. Si vas en metro... bueno... aquí lo único importante es que no se quede horas atorado, que en hora pico no te saquen la cartera o el celular; porque lo de los manoseos es lo de menos, después de trabajar en un bar gay, uno se acostumbra a eso.

Aquí es lo que pasa. Uno entre que se acostumbra y se resigna. Es normal el atasque de peatones y transeúntes. Los empujones y los dimes y diretes que hay entre uno y otro que tuvo un mal día. Rogar por no salir en día de marchas o plantones, ponerse los audífonos (si no hay audífonos y se usa el transporte público, quizá no pase mucho en que un vendedor ambulante pase vendiendo unos, y entonces sí: ponerse los audífonos. mirar escotes o faldas, predecir los gritos, las miradas. Observar. Aquí la palabra claves es "paciencia", mirar desde lejos, y si se puede no salir de casa, o encomendarse al santo de confianza, o ser budista y perder expectativas... porque creo que ha de ser medio pendejo creer que podemos transitar como algo menos que animales en una ciudad pequeñita con una población de 20.1 millones de habitantes (en el área metropolitana). Algo así como cinco mil y cacho personas por kilómetro cuadrado, algo así como cinco changos peléandose por metro. Lo bueno es que casi todos viven de día, y sólo algunos pocos lo hacemos de noche..

Marco Juárez

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